jueves, 21 de noviembre de 2013

La Eterna Duda de Miami.

Por Iara Rey & Maíra Vasconcelos.

Miami volvía del colegio con su pesada mochila, pensando y volando junto con la historia que les contó en clase la profesora. La historia de los animales que habitaban el mundo de los humanos y los animales les hablaban y todos mantenían buenos diálogos amigos. Era eso lo que pensaba Miami, cuando caminaba sola por las siete cuadras, hasta llegar a su casa.
Pero cuando llego Miami a la casa !No la encontró! La casa no estaba en el piso, sino que su casa estaba volando y tenía dos enormes alas rojas. Miami entonces se sentó en el lugar donde debería estar su casa para saber, ¿que habrá pasado bajo la tierra que sostenía la casa? En ese momento, sentada donde estaba su casa, Miami miro arriba, hacia el cielo, donde colgada  estaba su casa, volando, la casa hacia mucho viento con sus alas rojas.
Allí sentada, Miami empezó a sentir que la tierra se movía, el piso se movía. Miami miro abajo y todo era un gran mar con peces que saltaban y nadaban, saltaban y nadaban. Los peces hablaban y ella los escuchaba, hacían chistes también. -Soy ciego, ¡Que mal! Era lo que decía el pez rojo con anteojos negros y una espada en la mano. Miami se divertía. Aparecieron también una pareja de peces enamorados, sus besos hacían ruidos, y de nuevo Miami se reía.
De repente, ella dejo sus imaginaciones, y ya no más pensaba en la historia que escucho de la profesora en la escuela. Había ahora llegado a su casa, estaba sorprendida, ya estaba adentro de su casa que no volaba más. Y Miami entonces empezó a mirar cuidadosamente lo que había en la casa, chequeando si estaba todo en su lugar, si nada volaba. Miami estaba allí en la cocina y veía lo de siempre, todos los objetos en sus debidos lugares, sin moverse. Seguía la manzana que adornaba la frutera arriba de la mesa. La manzana roja de plástico, con un gusanito que le salía afuera, y que también era de plástico. Pero cuando allí estaba Miami, ella de repente escucho que alguien dijo su nombre: ¡Miami! Ella se quedo estática, con los ojos entrecerrados, intentando saber si le hablaba su imaginación o si era el gusanito de la manzana.